La brisa marina acaricia la madrugada. De pronto, el suave ronroneo del motor se ve interrumpido por un pitido: autonomía limitada. Es la enésima alerta, el tanque debe estar en las últimas. La proxima gasolinera se encuentra a unos 12km, pero hay que atravesar un infierno de curvas antes de llegar hasta ella. A problemas severos, medidas extremas: conducir en punto muerto tanto tiempo como sea posible.
Pasan los segundos, cada minuto es un mundo, cada curva es un triunfo. El chasis se comporta, no hay nadie en la carretera. Todo va bien, vislumbro las luces de la gasolinera.



